Algo de lo que todos estamos conscientes es de que cada vez está más desgastado nuestro tejido social, como lo comentaba en mi anterior columna. Pero no todos estamos preocupados por ello, incluso muchos de nosotros preferimos voltear a otro lado e ignorar esta terrible realidad. Sin embargo las consecuencias nos afectan a todos, si a todos sin distinción: El aumento de la Violencia, nos hace perder la confianza a poder salir a las calles y caminar tranquilamente o nos genera transitar con miedo a ser víctimas de robo o de algún delito; Peor aún, sentirnos inseguros en nuestros hogares. Otro grave resultado es el aumento de crisis de Ansiedad generalizada o estados de mal humor que afectan nuestra salud mental y generan el aislamiento social y la exclusión. O también afectaciones a la economía social, que se refleja en los bolsillos de cada uno de nosotros.
Por ello es urgente que hagamos algo para salir de esta crisis de pérdida de valores y descomposición de nuestro tejido social. Para ello comparto hoy en mi columna, algunas acciones y convoco a que todos hagamos de nuestra parte para lograr una mejor sociedad, más feliz, más humana y en desarrollo:
Ser agente de Transformación positiva.
La primera acción inicia en nosotros mismos. Si queremos una sociedad más humana, más justa, que progrese y viva en paz y constante desarrollo, primero debemos partir por estar bien con nosotros mismos y actuar correctamente para poder ayudar a nuestra sociedad a estar bien. Trabajemos en nosotros mismos primero. Seamos más empáticos, más solidarios, más honestos, desarrollemos más y mejores hábitos de salud física y mental. Debemos convencernos que debemos ser factores de cambios positivos para que ello sea la motivación diaria de ser mejores ciudadanos que este país necesita. Quisiera subrayar algo que considero muy importante: No podemos huir de nuestra responsabilidad de ser ciudadanos correctos y ejemplares, aunque ello signifique salir de un espacio de confort, ya que si permanecemos allí, lo podemos lamentar en poco tiempo.
La familia como primer espacio de recuperación.
Una vez que estamos trabajando en lo personal y antes de mirar y juzgar a cualquier otro lado, debemos mirar a nuestros hogares. La familia sigue siendo la primera escuela de valores y el primer espacio de aprendizaje social. Ahí se cultiva el respeto, la empatía, la solidaridad, la cooperación, en fin todos los valores que nos llevan a ser buenos ciudadanos nacen justamente en la familia. Cuando en la familia se normaliza la violencia, la indiferencia o el abuso, ese patrón se traslada a la sociedad. Por eso, recomponer el tejido social exige familias que eduquen en el amor, el diálogo y la corresponsabilidad. Es en nuestros hogares donde debemos iniciar esta recomposición, convencidos y firmes en nuestra responsabilidad. Quienes tenemos niños pequeños, tenemos la gran responsabilidad y la maravillosa tarea de formar excelentes ciudadanos, pues es en esta edad donde mejor se aprenden valores, conocimientos y se desarrollan nuestras habilidades y cualidades.
Las escuelas tan importantes.
Hay un dicho que menciona que las escuelas son nuestra segunda casa… y efectivamente, pasamos muchas horas en las escuelas y allí es donde podemos potenciar los valores aprendidos en casa, allí es donde podemos practicar la empatía, la solidaridad, la capacidad de trabajar en equipo y generar un bien común. La educación no debe limitarse a transmitir información: debe formar personas capaces de vivir en comunidad. Necesitamos una escuela que fomenten valores y eduquen en el compromiso cívico. No basta con formar buenos profesionistas; hay que formar “Buenos Ciudadanos”. Y para ello las escuelas podemos incorporar proyectos de servicio social, aprendizajes colaborativos y educación emocional en cada nivel escolar.
Nuestros Gobernantes, como ejemplo de liderazgo positivo.
No habrá tejido social fuerte si los liderazgos siguen construyéndose sobre la mentira y el interés propio. Co habrá mejoras en la sociedad, si existen gobernantes que solo sacian su ambición e intereses personales, si mantienen y fomentan la corrupción y el saqueo, o peor aún si llegan a gobernar con mentiras y se olvidan de buscar el bien de su pueblo y de su gente. Necesitamos líderes políticos, empresariales, académicos y comunitarios que asuman la ética como guía, que vivan con coherencia y que vuelvan a acercarse al pueblo, no solo en campañas electorales, sino mantener una relación cercana y de buena comunicación. No solo se trata de informar, se debe comunicar al pueblo y crear una estrecha relación para que juntos se logre el desarrollo de la comunidad. El ejemplo de figuras como José Mujica sigue recordándonos que el liderazgo auténtico es posible, pero requiere valentía y desprendimiento.
Nada daña más el tejido social que la desigualdad desbordada. Cuando unos pocos tienen demasiado y muchos carecen de lo básico, la envidia, el resentimiento y la violencia germinan con facilidad. Recomponer el tejido social requiere “políticas de inclusión real”, de “Desarrollo e impulso real” a aquellos pequeños micro empresarios y emprendedores, no solo discursos. Programas de empleo digno, acceso a salud, oportunidades para los jóvenes y acompañamiento a las familias más vulnerables son piezas esenciales para reconstruir la confianza entre nuestros gobernantes y la ciudadanía.
Las plazas, parques, canchas y centros comunitarios son lugares donde se construye identidad y pertenencia. Debemos potenciar los torneos deportivos, los juegos comunitarios, la sana competencia. Sin embargo, muchos han quedado abandonados o tomados por la inseguridad. Invertir en espacios públicos seguros, limpios y vivos es invertir en comunidad. Allí, la gente se encuentra, dialoga, se reconoce como parte de un todo. Recuperar la calle es recuperar el corazón social.
Concluyo.
Considero que estos 4 espacios que he mencionado donde podemos ser incluidos todos sin duda alguna podemos hacer acciones para recomponer el tejido social que tan apremiante necesita una recuperación. Podemos mencionar más sectores como los sindicatos, las organizaciones, los partidos políticos y quizá hasta algunos grupos religiosos, o juveniles como Rotaract, Scouts, Pentatlón, Cruz Roja, o Jufra, sin embargo todos pertenecemos sin duda alguna a una familia de donde provienen las enseñanzas y los buenos valores. Existen también los líderes sociales o activistas. Estos actores sin duda que podrán guiarnos a la recuperación de una buena sociedad. Pero no debemos perder de vista que el individualismo extremo nos ha llevado a creer que cada quien debe “salvarse solo”. Sin embargo, ninguna sociedad florece desde el aislamiento. Necesitamos rescatar la confianza en la comunidad: conocernos, apoyarnos, compartir. Algo tan sencillo como organizar actividades vecinales, jornadas culturales, espacios de diálogo entre jóvenes y adultos, puede convertirse en un cimiento para unir lo que hoy está fracturado.
El “todo se vale” o “A mí me vale…” ha erosionado nuestra convivencia y dañado a nuestra sociedad. “El rehuir a nuestras responsabilidades” está generando esta sociedad que tenemos y solo cuando nos toca de forma muy cercana con algún familiar o amigo es cuando vemos lo mal que estamos y cuando alzamos la voz. La corrupción no solo existe en grandes niveles; también en los pequeños actos cotidianos. Recomponer el tejido social exige “rescatar el valor de la ley y el respeto a las normas comunes”, así de simple pero al mismo tiempo tan complicado. No se trata de miedo al castigo, sino de comprender que cumplir con las reglas nos protege a todos, no se trata de estar obligados, se trata de tener iniciativa de hacer las cosas porque se deben hacer bien.
Recomponer el tejido social no es tarea exclusiva del gobierno, de los maestros o de la iglesia. Es un desafío que nos incluye a todos. Cada gesto de solidaridad, cada acto de respeto, cada espacio recuperado, suma. No podemos esperar que la política nos resuelva lo que solo la sociedad puede sanar. La reconstrucción comienza desde abajo, en nuestras casas, calles, escuelas y comunidades. Si logramos comprender qué “la fuerza de un pueblo está en su capacidad de unirse y cuidarse y ayudarse mutuamente”, entonces el futuro no estará perdido, recordemos que somos Comunidad y esa palabra significa vivir juntos, ayudarse, crecer juntos. Porque más allá de los políticos, lo que realmente sostiene a una nación es la calidad de su tejido social. Más allá de seguir lamentándonos la perdida de Carlos Manzo, sigamos su ejemplo y hagamos todos nuestra parte.
O ¿Usted qué opina?
Post Scriptum.
En estas fechas de Navidad y fin de año, deseo que esta columna, sirva para esos buenos principios y objetivos que nos trazamos en la cena de Navidad o de fin de año. Pero sobre todos deseo que la paz, el amor y la felicidad llene sus hogares de bienestar y abundancia. Agradezco sobre todo a mi amiga y gran profesional del periodismo y la comunicación Iliana Cervantes la oportunidad de compartir mi columna de opinión en su importante espacio EstiloTlax.