En una de mis primeras columnas que pude compartir con ustedes estimados lectores, gracias a la oportunidad de Estilo Tlax, reflexione sobre el ejemplo de José Mujica como uno de los líderes actuales más importantes y destacados de nuestra época, así mismo tuve oportunidad de compartir con ustedes sobre la pérdida de rumbo de muchos “políticos” y sobre la urgencia de recomponer el tejido social dañado. Hoy estimados amigos, quiero aterrizar estas reflexiones en nuestra propia realidad: Tlaxcala.
Nuestro estado, el más pequeño del país en territorio, pero el más grande en historia, identidad y riqueza cultural; Enfrenta desafíos que ponen a prueba nuestra cohesión social y la calidad de nuestro liderazgo público. Tlaxcala necesita más que administradores del poder; necesita hombres y mujeres que entiendan el liderazgo como servicio auténtico al bien común.
Tlaxcala cuenta con aproximadamente 1.4 millones de habitantes, según datos del INEGI (Censo 2020). Es un estado joven: cerca del 30% de su población tiene menos de 18 años. Esto significa que el futuro no es un concepto abstracto; tiene rostro, nombre y expectativas. Pero también hay retos evidentes: Según CONEVAL, alrededor del 50% de la población tlaxcalteca vive en situación de pobreza, y más del 6% en pobreza extrema (2020).
El empleo informal representa más del 60% de la población ocupada, lo que genera vulnerabilidad económica e inestabilidad familiar.
En materia de percepción de seguridad, aunque Tlaxcala no está entre los estados con mayor tasa de delitos, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) ha señalado que una parte importante de la población manifiesta sentirse insegura en espacios públicos. Además, tenemos un grave problema que atender sobre la trata de personas, una herida profunda que afecta la imagen, la moral y el tejido social de nuestra entidad.
Estos datos no son para desanimarnos, sino para comprender que el liderazgo que hoy necesitamos debe estar a la altura de estos desafíos.
Y que el daño que tenemos en nuestro tejido social, no es solo económico, es moral y social.
El verdadero problema no es únicamente la pobreza o la inseguridad. El problema más profundo es la erosión de la confianza: confianza en las instituciones, en los gobernantes y, a veces, incluso entre nosotros mismos.
Cuando nosotros como ciudadanos percibimos que la política no resuelve los problemas reales, o que lejos de servir a su gente, se sirve de ella, se genera un vacío de distancia y desconfianza que difícilmente se puede componer. Porque cuando se siente que las decisiones públicas no se toman pensando en el bien común sino en intereses particulares, surge la desilusión. Y cuando la desilusión se prolonga, se transforma en apatía y la apatía es el más grande enemigo silencioso del desarrollo social. Genera pobreza y estancamiento, paraliza el desarrollo y el progreso de los pueblos.
Tlaxcala no necesita confrontación, ni discursos personalistas. Necesita liderazgos que unan, que escuchen y que construyan.
¿Qué significa liderazgo para servir en Tlaxcala?
Significa comprender que el cargo público no es un premio, sino una responsabilidad. Significa entender que gobernar no es imponer, sino dialogar. Significa tomar decisiones pensando en las futuras generaciones y no en los próximos procesos electorales.
Un liderazgo auténtico en nuestro estado debería enfocarse en:
1. Impulsar oportunidades reales para los jóvenes
Con una población joven significativa, Tlaxcala necesita fortalecer la vinculación entre educación y empleo. Programas estatales de emprendimiento juvenil, incentivos para pequeñas y medianas empresas locales, y capacitación tecnológica pueden evitar la migración forzada y fortalecer la economía interna. Impulsar a los nuevos liderazgos juveniles es importantísimo.
2. Combate frontal y estructural a la trata de personas, El respeto a la vida y dignidad humana.
No basta con operativos aislados. Se requiere una política integral: prevención en escuelas, acompañamiento psicológico y social a víctimas, coordinación interestatal y campañas permanentes de concientización. Hoy, con tanta “modernidad” estamos extraviados en el respeto y el valor a la dignidad humana. Tristemente hemos normalizado tantas cosas que cada vez estamos más lejos de comprender el valor de la vida y de la fragilidad humana.
3. Recuperación del tejido comunitario
Promover actividades culturales, deportivas y comunitarias que fortalezcan la identidad tlaxcalteca. Tlaxcala tiene tradiciones profundas, fiestas patronales, historia y patrimonio cultural que pueden convertirse en motores de cohesión social.
4. Transparencia radical en el ejercicio público
Un liderazgo que sirve debe rendir cuentas claras y periódicas. La transparencia no puede ser un trámite; debe ser una convicción. Presupuestos abiertos, auditorías públicas y participación ciudadana real fortalecen la confianza. El sano contacto y la transparencia es algo muy fácil de hacer pero pareciera en algunos casos como la cosa más complicada de algunos gobiernos.
5. Fortalecer la educación con enfoque en valores
No basta con mejorar indicadores académicos; necesitamos educación en ética pública, responsabilidad social y participación ciudadana desde edades tempranas. Ponderar el respeto de los padres a la educación de sus hijos y evitar la polarización de la educación con temas o ideologías que lejos de ayudar al desarrollo de los niños y jóvenes, solo generan caos y conflictos en su formación. Como decía Don Bosco: “»La educación es cosa del corazón y Dios es el único que posee la llave». O una frase muy relevante sobre el propósito de la educación que a la letra dice: «De la sana educación de los jóvenes depende la felicidad de las naciones»
6. Proteger a las familias y generar espacios para su sano desarrollo
La base de toda sociedad es la familia y si no cuidamos su sano desarrollo, estamos destinados al fracaso como humanidad. Por ello debe haber políticas que generen el respeto y sano desarrollo de la familia. Promover políticas públicas que en verdad vayan encaminadas al desarrollo de las familias y su bienestar.
Tlaxcala necesita líderes en todos los ámbitos: en las escuelas, en las universidades, en las empresas, en las comunidades rurales, en las organizaciones civiles, en las parroquias, en los colectivos juveniles.
Un líder no es solo quien ocupa un cargo; es quien influye positivamente en su entorno. Es quien decide actuar cuando otros callan. Es quien propone cuando otros critican. Es quien sirve cuando otros buscan beneficio.
La transformación del estado no vendrá únicamente desde Palacio de Gobierno o desde los ayuntamientos. Vendrá desde cada ciudadano que asuma su responsabilidad social, llegara sin duda en un trabajo conjunto de todos los que formamos parte de este gran estado.
Si algo caracteriza a Tlaxcala es su historia de resistencia y dignidad. Somos un estado de gente guerrera, que todos los días se levanta y camina en busca del progreso. Esa identidad debe convertirse en fuerza moral. Nuestra identidad nos debe transformar para ser mejores.
Hoy en esta columna hago un llamado a la nueva generación de Tlaxcaltecas, hombres y mujeres jóvenes, para que comprendan que el verdadero éxito no está en acumular poder, sino en dejar huella positiva en la comunidad. Sobre todo a aquellos que hoy tienen un cargo quizá municipal, para que lo terminen con la satisfacción del trabajo logrado y el espíritu satisfecho por el deber cumplido. Y quizá el día de mañana, los alcaldes de hoy, tengan una nueva oportunidad de servir, y sin duda será una nueva oportunidad para dejar una huella positiva en nuestro querido Tlaxcala. Pues el liderazgo para servir no es una utopía, es una decisión, y una decisión que puede comenzar hoy. Si decidimos correctamente y si nos atrevemos.
Tlaxcala tiene potencial, talento y juventud. Tiene tradición, cultura y una ubicación estratégica privilegiada en el centro del país. Lo que necesita para seguir por el camino del progreso y el desarrollo es ese liderazgo ético, cercano y comprometido con el bien común. Ese líder que cada día trabaje con la pasión y el corazón puesto en su responsabilidad.
El tejido social no se recompone con discursos, sino con ejemplo.
Y el ejemplo comienza cuando el liderazgo deja de buscar privilegios y decide abrazar el servicio.
O, ¿usted qué opina?
Post Scriptum.
Nuevamente en unos días iniciará el carnaval en nuestro estado y sé que hay posiciones encontradas entre quienes vemos el carnaval como parte de nuestra cultura y una fiesta colorida para disfrutar, como también hay quienes expresan que no es de su agrado y hasta manifiestan su repudio. Hoy solo invito a que quienes lo disfrutamos lo hagamos también respetando a toda la población y sus diversas opiniones y para quienes no sea de su agrado el carnaval, ojala mostremos tolerancia para que busquemos alternativas en las vialidades y evitemos enfadarnos. Así mismo envío mi felicitación a Jocelyn Bello quien fue elegida reina del carnaval Chiautempan 2026 a quien tengo el gusto de conocer desde que era una niña exploradora y a quien le tengo gran aprecio.