- La senadora tlaxcalteca advierte que el pueblo no debe permitir que élites del viejo régimen manipulen la voluntad popular con dádivas
La senadora Ana Lilia Rivera Rivera llamó a la ciudadanía a empujar con firmeza la revolución de las conciencias para evitar que prácticas del viejo régimen, como la compra del voto mediante dádivas, continúen intentando manipular la voluntad popular.
Durante una reflexión con ciudadanos de diversos municipios del estado, la legisladora sostuvo que el pueblo ya no debe permitir que las élites políticas que durante años controlaron la vida pública del país busquen influir en las decisiones de la gente mediante regalos o promesas vacías.
“Es momento de despertar y de no permitir más abusos. Durante mucho tiempo quisieron convencer al pueblo de que su voto tenía precio, pero hoy sabemos que la dignidad y el futuro de nuestras comunidades valen mucho más que cualquier dádiva”, expresó.
La senadora subrayó que será el propio pueblo quien decida el rumbo del Movimiento de Transformación que vive México, pero advirtió que si se cae en la trampa de aceptar beneficios a cambio del voto, después será difícil exigir gobiernos honestos, mejores servicios públicos, mayor seguridad y el combate real a la impunidad.
Rivera Rivera insistió en que la ciudadanía tiene cada vez mayor claridad para identificar cuándo hay corrupción o intereses ocultos detrás de ciertas prácticas políticas, lo que demuestra —dijo— que el cambio profundo del país se sostiene en la conciencia de la gente. “Una revolución verdadera no necesita armas, necesita conciencias despiertas”, enfatizó la legisladora tlaxcalteca, al señalar que la transformación que vive el país sólo podrá consolidarse si la ciudadanía participa de manera libre y responsable en la vida pública.
Ana Lilia Rivera reiteró que la fortaleza del cambio en México radica en la participación informada del pueblo, por lo que convocó a mantener viva la reflexión colectiva y a defender la dignidad del voto como una de las conquistas más importantes de la democracia.