Queridos amigos y amigas:
Uno de los mayores aciertos de la Cuarta Transformación ha sido colocar a los jóvenes en el centro de las políticas públicas. Durante muchos años se les dio la espalda; se les veía como un problema o simplemente se les ignoraba. Hoy existe una visión distinta: la de reconocerlos como protagonistas del presente y constructores del futuro de México.
Hay momentos en la vida que parecen sencillos, pero que en realidad marcan una etapa importante. Uno de ellos es recibir por primera vez la credencial para votar.
Puede parecer un trámite más, pero no lo es. Significa que una joven o un joven adquiere plenamente un derecho ciudadano. Significa que su voz cuenta, que su opinión importa y que sus decisiones pueden influir en el rumbo de Tlaxcala y de México.
Por eso debemos hablarles con respeto y con honestidad. No con discursos gastados ni con frases hechas. Durante años se les dijo que eran el futuro, cuando en realidad también son el presente.
Cuando camino por los municipios de Tlaxcala encuentro jóvenes con enormes ganas de salir adelante. Los veo estudiando, trabajando, emprendiendo o apoyando a sus familias. Pero también encuentro preocupaciones legítimas sobre el empleo, la educación y las oportunidades para construir un proyecto de vida digno.
Por eso la Cuarta Transformación ha impulsado programas que buscan cerrar brechas históricas. Las becas para estudiantes, Jóvenes Construyendo el Futuro, la creación de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez y ahora el fortalecimiento de la Universidad Nacional Rosario Castellanos forman parte de una misma visión: que ningún joven vea truncados sus sueños por falta de oportunidades.
Sin embargo, todavía hay mucho por hacer.
Muchos jóvenes siguen preguntándose dónde encontrar su primer empleo, cómo adquirir experiencia o cómo continuar sus estudios cuando los gastos familiares aprietan. Son preguntas legítimas que requieren respuestas serias.
No basta con decirles que le echen ganas. Las ganas son indispensables, pero también lo son las oportunidades. A los jóvenes no hay que pedirles paciencia eterna; hay que abrirles camino.
Necesitamos fortalecer la vinculación entre la educación y el empleo, impulsar la capacitación para las nuevas tecnologías, apoyar el emprendimiento responsable y generar condiciones para que el talento de nuestra juventud encuentre oportunidades en Tlaxcala y no tenga que buscarse lejos de casa.
También debemos escuchar más.
Una de las enseñanzas del presidente López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum es que gobernar significa caminar, escuchar y dialogar con el pueblo. Lo mismo debemos hacer con las juventudes. No basta con convocarlas durante las campañas electorales o invitarlas a eventos públicos. Hay que construir junto con ellas una agenda que responda a sus necesidades reales.
Las mejores ideas no nacen detrás de un escritorio. Nacen en las escuelas, en las comunidades, en las canchas deportivas, en los talleres, en los mercados y en los espacios donde los jóvenes viven todos los días.
Por eso estoy convencido de que una juventud crítica, participativa y comprometida es una fortaleza para Tlaxcala y para México. La Transformación necesita de su energía, de sus ideas y de su capacidad para imaginar un futuro mejor.
A quienes recibirán o ya recibieron su primera credencial para votar les digo que su voz importa y que su participación cuenta. Y a quienes hacemos política nos corresponde cumplir nuestra parte: caminar, escuchar, dialogar y dar resultados.
No marketing vulgar. No simulación. No promesas vacías.
Humanismo mexicano, honestidad y trabajo al servicio del pueblo.
Nos seguimos leyendo en esta columnita, queridos amigos y amigas. Con gusto leeré sus comentarios, críticas y propuestas, porque Tlaxcala se construye escuchando, especialmente a quienes comienzan a participar activamente en la vida pública de nuestro estado.
Carlos Augusto Pérez Hernández