Durante varias semanas ocurrió algo extraordinario en nuestro país. No importó el partido político, la religión, la condición económica, el sexo o la edad, ni el estado donde vivimos. Durante noventa minutos dejamos de lado muchas coas, olvidamos por un momento los problemas cotidianos y millones de mexicanos dirigimos la mirada hacia el mismo lugar: una cancha de futbol. Ahí estaban once jóvenes vistiendo la misma camiseta, representando los mismos colores y cargando sobre sus hombros la ilusión de más de 130 millones de personas.
Y entonces me surgió una pregunta que no he podido dejar de pensar:
¿Cómo es posible que once jugadores logren unir a todo un país, mientras millones de ciudadanos seguimos sin unirnos para construir un mejor País?
Y la traslado a lo local: ¿Cómo es posible que once jugadores logren unir a todo un país, mientras en Chiautempan cada vez nos dividimos Más?
La reciente participación de la Selección Mexicana volvió a demostrar el enorme poder que tiene una causa compartidaun bien común. De acuerdo a estadísticas presentadas por diversos medios de comunicación en el país, el partido del pasado domingo contra Inglaterra de los octavos de final de la copa del mundo, fue visto por aproximadamente 60 millones de espectadores en televisión a nivel nacional, seguido por 3.3 millones de espectadores en los FIFA Festival, y seguidos de forma indirecta por diversos dispositivos móviles u otra forma por más de 10 millones de mexicanos, convirtiéndose en el partido más visto del Siglo XXI en México.
Vimos a familias completas reunidas frente al televisor, plazas públicas abarrotadas, personas abrazándose sin conocerse, automóviles tocando el claxon, niños, adultos y adultos mayores celebrando juntos: Por unos instantes dejamos de ser adversarios para convertirnos en compatriotas. Y eso tiene un enorme significado.
Resulta impresionante pensar que en un espacio tan pequeño (Una cancha de futbol de 105 metros de largo por 68 de ancho), caben los sueños, la pasión y la esperanza de millones de mexicanos. Mientras nuestro país tiene casi dos millones de kilómetros cuadrados de territorio, bastó una cancha diminuta para recordarnos que todavía somos capaces de emocionarnos juntos. Y por ello la pregunta inevitable es:
¿Por qué esa unidad dura tan poco?
¿Por qué somos capaces de cantar un mismo himno, celebrar un mismo gol y abrazar a un desconocido, pero nos cuesta tanto trabajar unidos para mejorar nuestras colonias, nuestros municipios y nuestro estado?
Lamentablemente nuestra selección no llego a las fases finales pero logro algo tan valioso como un campeonato al motivarnos a los mexicanos y mostrarnos que todavía sabemos caminar hacia un mismo objetivo. En nuestros jugadores vimos a todos con solo un objetivo: ganar como equipo. Ese es el objetivo: El bien de todos, el bien común.
Entonces: ¿No debería funcionar igual nuestra sociedad?
¿Y si, si?
Chiautempan y Tlaxcala también necesitan jugar en equipo
En esta columna nuevamente los invito a esta reflexión: En Chiautempan y Tlaxcala solemos escuchar que la culpa de todo la tiene el gobierno en turno. Y no defiendo a nadie pues efectivamente los gobiernos tienen enormes responsabilidades para con su sociedad. Pero también es cierto que ninguna comunidad prospera cuando sus ciudadanos únicamente observan desde la tribuna. Todos necesitamos participar:
➢ Empresarios que inviertan en su comunidad.
➢ Jóvenes que propongan y emprendan.
➢ Maestros que inspiren.
➢ Padres que eduquen con el ejemplo y no dejen de lado su responsabilidad.
➢ Organizaciones civiles que trabajen unidas.
➢ Escuelas que acompañen en valores y soluciones.
➢ Iglesias que sigan trabajando por la reconciliación, la unidad y la paz.
➢ Medios de comunicación que construyan ciudadaníacon verdad y veracidad.
Porque el bien común jamás será responsabilidad exclusiva del gobierno.
Imaginemos por un momento que cada colonia de Chiautempan adoptara un parque para mantenerlo limpio.
✓ Que cada escuela organizara una jornada mensual de servicio comunitario.
✓ Que los comerciantes impulsaran campañas para consumir productos locales.
✓ Que cada familia sembrara un árbol al año.
✓ Que los jóvenes dedicaran algunas horas al mes al voluntariado.
✓ Que los adultos nos compartieran en las plazas su experiencia y sabiduría.
✓ Que profesionistas ofrecieran asesorías gratuitas a quienes más lo necesitan.
✓ Que los ciudadanos asistieran a las sesiones públicas del Ayuntamiento no para confrontar, sino para proponer.
Necesitamos una sociedad Critica, NO Criticona.
Ninguna de estas acciones requiere millones de pesos. Requieren voluntad. Y esa es la materia prima de cualquier transformación. Porque el Liderazgo se contagia, el Liderazgo inspira: Así como once futbolistas lograron despertar el orgullo nacional, Líderes ciudadanos pueden despertar el orgullo de pertenecer a Chiautempan y a Tlaxcala.
No necesitamos esperar al próximo campeonato para sentirnos parte de un mismo equipo, nuestro uniforme puede ser el compromiso, la voluntad, nuestro escudo la propia comunidad, y nuestro campeonato, dejar un municipio en mejores condiciones para nuestros hijos.
Cierro con la pregunta final de hoy:
¿Seremos capaces de hacer lo mismo cuando el partido ya no se juegue en una cancha, sino en nuestras calles, nuestras escuelas, nuestras familias y nuestras comunidades?
¿Y si, si?
Porque quizá el problema nunca fue que México estuviera dividido… quizá el verdadero problema es que solo descubrimos que somos un gran equipo… cuando alguien más se pone la camiseta por nosotros.
Post Scriptum.
Reitero mi agradecimiento a los comentarios que me han hecho llegar en relación esta columna. Los recibo con gusto pues de entrada significa que me han hecho el favor de leerlos aunque obviamente hay quienes piensan distinto, lo cual es muy respetable.
Ya llega le feria de Chiautempan 2026. Una oportunidad para hacer comunidad. ¿Y si, si nos unimos cada día como comunidad y hacemos una gran Feria Nacional?