Por: Jonas Moncacho
Ana Lilia Rivera ya no trae un discurso de querer ganar, sino que ya está explicando por qué no ganó, o está anticipando que se cambiará de partido. Ayer en San Sebastián Atlahapa lo dijo: “este momento no tiene que ver con partidos políticos. No importa el partido político donde militemos o militamos, o si no militamos”
Se anticipa a la derrota, anuncia entre líneas que se cambiará de partido y usa a la transformación como bandera, pero su oratoria ya no anima, más bien apaga ánimos, y así ocurrió ayer en la reunión que tuvo en San Sebastián Atlahapa, la gente salió confundida y desanimada,
Eso de que la Cuarta Transformación “no se trata de cambiar un partido por otro”, sino de elevar la conciencia del pueblo, sonó bonito… pero también convenientemente distante de cualquier ambición concreta. Porque cuando alguien que quiere estar, deja de hablar de competir y empieza a hablar de “conciencias”, casi siempre es porque las cosas ya no le están sonriendo.
Y entonces todo empieza a cuadrar.
Su ya conocida denuncia de “guerra sucia” en su contra, que en su momento buscaba generar simpatía, hoy parece más bien un clásico movimiento de manual: curarse en salud antes del resultado. Porque en política, perder nunca es perder… siempre es culpa de algo más.
Así que no, no hizo falta decir “me bajo”. Bastó con cambiar el tono.