Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente Morales Pérez
Cada vez que la Selección Nacional salta a la cancha ocurre algo extraordinario. Durante noventa minutos millones de mexicanos dejan de lado diferencias políticas, sociales o económicas para vestir, al menos simbólicamente, la misma camiseta. En los hogares, las plazas, los restaurantes y los centros de trabajo surge una emoción compartida: el deseo de ver ganar a México.
El futbol tiene esa magia. Nos recuerda que, antes que cualquier otra cosa, somos parte de una misma nación. Nos enseña que el éxito colectivo vale mucho más que el lucimiento individual y que ningún campeonato se conquista únicamente con talento. Detrás de cada victoria existen disciplina, estrategia, trabajo constante y un equipo que entiende que todos cumplen una función indispensable.
Quizá por eso el futbol ofrece una de las mejores metáforas para comprender el momento que vive nuestro país.
Las naciones, igual que los equipos, atraviesan distintas etapas. Hay temporadas difíciles, momentos de reconstrucción y periodos en los que es necesario cambiar la estrategia para aspirar a mejores resultados. Durante muchos años, México enfrentó enormes desafíos: desigualdad, corrupción, abandono de comunidades enteras y una profunda distancia entre las instituciones y buena parte de la ciudadanía.
Frente a ese escenario surgió un proyecto político que propuso una nueva manera de entender el servicio público. La Cuarta Transformación colocó en el centro del debate temas como la justicia social, el combate a la corrupción, el bienestar de las familias y la atención prioritaria a quienes durante décadas permanecieron al margen del desarrollo nacional.
Hoy ese proyecto entra en una nueva etapa. Así como un equipo no puede conformarse con ganar un solo torneo, un gobierno tampoco puede vivir únicamente de los logros alcanzados. El verdadero reto consiste en consolidar resultados, corregir errores, fortalecer las instituciones y preparar el futuro.
Eso significa el llamado segundo piso de la transformación: construir sobre los cimientos ya establecidos para que México continúe avanzando con mayor fortaleza. La apuesta por la educación, la ciencia, la infraestructura, la soberanía energética, la innovación tecnológica y los programas sociales busca precisamente formar un país más competitivo y, al mismo tiempo, más justo. Pero ningún entrenador gana un campeonato sin el respaldo de todo el equipo.
Los ciudadanos también jugamos nuestro partido todos los días. Lo hacen los maestros que forman nuevas generaciones, los médicos que cuidan la salud de la población, los campesinos que producen alimentos, los trabajadores que impulsan la economía, los empresarios que generan empleos y las familias que transmiten valores a sus hijos. Todos forman parte del mismo esfuerzo nacional.
Eso no significa dejar de señalar aquello que puede mejorar. En el futbol, los mejores aficionados son quienes apoyan a su equipo, pero también exigen mejores resultados. En una democracia ocurre exactamente lo mismo. La participación ciudadana fortalece a las instituciones porque impulsa la transparencia, la rendición de cuentas y la mejora continua.
Hoy México enfrenta desafíos importantes en materia de seguridad, crecimiento económico y desarrollo tecnológico. Nadie puede negar la complejidad de esos retos. Sin embargo, tampoco puede desconocerse que los grandes cambios requieren continuidad, perseverancia y visión de largo plazo. Ningún proyecto serio transforma una nación de un día para otro.
Cuando observamos un partido de futbol entendemos que un gol en contra no significa el final del encuentro. Los equipos campeones saben reorganizarse, corregir, mantener la concentración y seguir luchando hasta el último minuto. Esa también debe ser la actitud de nuestro país.
Más allá de las diferencias políticas que enriquecen toda democracia, existe un objetivo superior que debería unirnos: construir un México con más oportunidades, mayor bienestar y mejores condiciones para las futuras generaciones.
Al final, el triunfo más importante no se consigue únicamente en un estadio. Se alcanza cuando un niño permanece en la escuela gracias a una beca; cuando una comunidad recibe una nueva carretera; cuando una familia accede a servicios de salud; cuando la ciencia impulsa el desarrollo nacional; cuando el trabajo digno permite vivir con esperanza.
Ese es el campeonato que verdaderamente importa. Y como sucede en el futbol, sólo puede conquistarse cuando millones de mexicanos entienden que la mayor fortaleza de un país no está en una sola figura, sino en la capacidad de jugar unidos por un mismo ideal.
Porque cuando México juega en equipo, el gol más importante siempre es el bienestar de su pueblo.