De la plaza pública al Parlamento Abierto:
la voz del pueblo como destino democrático

Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T

Vicente Morales Pérez

Desde sus orígenes, la política ha encontrado su esencia en la plaza pública: ese espacio donde la palabra se comparte, se confronta y se transforma en decisión colectiva. En la antigua Grecia, el Ágora representó ese punto de encuentro entre ciudadanía y poder. Hoy, en México y en Tlaxcala, ese espíritu renace bajo una figura contemporánea que cobra fuerza en la vida democrática: el Parlamento Abierto.

La Cuarta Transformación ha impulsado un cambio profundo en la manera de entender la política. Durante muchos años, las decisiones públicas se alejaron de la gente, encerrándose en dinámicas institucionales que, aunque formales, resultaban distantes. Hoy, esa lógica se rompe para dar paso a una visión distinta: una política cercana, sensible y construida junto al pueblo.

En este contexto, el Parlamento Abierto no es un acto simbólico, sino un ejercicio real de participación. Es la oportunidad de escuchar directamente a la ciudadanía, de abrir el diálogo y de reconocer que la legitimidad no solo se obtiene en las urnas, sino también en la escucha permanente.

En Tlaxcala, los foros que hemos realizados en municipios como Yauhquemehcan, Españita e Ixtacuixtla han demostrado que este modelo es viable y necesario. La participación de madres, jóvenes, productores y ciudadanos en general ha dado vida a un espacio donde las inquietudes dejan de ser silenciosas y se convierten en propuestas.
Porque cuando el pueblo habla, la política debe responder.

Un ejemplo claro de ello ha sido la preocupación expresada sobre la presencia del muérgano en los cultivos. Lo que surge como una problemática local, a través del Parlamento Abierto se convierte en una agenda pública que debe atenderse desde el ámbito legislativo y en coordinación con los ayuntamientos.

Ahí radica la fuerza de este modelo: en su capacidad de transformar la voz ciudadana en acción concreta.

La Dra. Claudia Sheinbaum Pardo presidenta de México, ha dado continuidad a un proyecto de nación que entiende que gobernar no es imponer, sino dialogar. Y en esa visión, el Parlamento Abierto se consolida como una herramienta clave para fortalecer nuestra democracia.

Pero este esfuerzo no puede ser unilateral. Requiere de ciudadanos dispuestos a participar, a proponer y a involucrarse en los asuntos públicos. La democracia no se limita al voto; se construye todos los días con la participación activa de la sociedad.

Hoy, más que nunca, es necesario recuperar el valor de la plaza pública, no como un recuerdo histórico, sino como una práctica viva. Un espacio donde la política se humaniza y donde el poder se legitima en la cercanía con la gente.
En Tlaxcala, este camino ya está en marcha. El Parlamento Abierto no es el final, es el inicio de una nueva forma de hacer política: una donde la voz del pueblo no solo se escucha, sino que se convierte en el verdadero motor de la transformación.