¿Estamos Unidos Mexicanos?


Llegó septiembre y, como cada año, nos cambia el ánimo y el orgullo, comenzamos a escuchar música de mariachi y a sentirnos muy patriotas. Las calles comienzan a vestirse de verde, blanco y rojo, adornamos las casas, automóviles y negocios. Las escuelas y dependencias celebran actos cívicos y recordamos nuestra historia, y por unos momentos pareciera que nuestras diferencias desaparecen.

Celebramos nuestra independencia. Pero…

¿Por qué esa unidad que sentimos en septiembre no somos capaces de mantenerla durante todo el año?


¿Por qué ese orgullo de ser mexicanos, no nos permite tener ciudadanos que trabajen por este gran país todos los días?

Hay una gran diferencia entre el México que celebramos y el México que vivimos y lo comento porque durante septiembre hablamos de libertad, independencia, valentía, identidad y unidad, pero mientras colocamos la bandera en nuestras casas, nuestro país enfrenta una realidad que no podemos ignorar:

Una terrible y cada vez peor descomposición del tejido social:

Inseguridad, miedo, desconfianza.

Aislamiento y problemas de salud mental
Familias divididas

Desigualdad e incremento de la pobreza
Indiferencia y desanimo

¿Cuándo dejamos de confiar en el vecino?,

¿Cuándo dejamos de vivir en comunidad?

Necesitamos confiar en que el vecino respetará nuestra casa, en que alguien ayudará si tenemos un problema, en que podemos caminar por nuestra colonia, en que nuestros hijos pueden convivir con otros niños y en que, cuando ocurra algo, habrá una comunidad dispuesta a proteger y ayudar. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Cultura Cívica del INEGI muestra un dato que debería hacernos reflexionar: en 2020, solamente 51.5% de las personas de 15 años y más manifestó tener mucha o algo de confianza en los grupos de vecinos. Ósea la mitad de los mexicanos confiamos y el miedo nos separa y aisla y modifica nuestra forma de vida:
Cambia de hábitos.

Nos encerramos y dejamos de salir.

Evitamos ciertos lugares.

Aumento la desconfianza

Y poco a poco la calle deja de ser un espacio de convivencia para convertirse simplemente en un lugar de tránsito y esto destruye el tejido social. Pero llega septiembre y basta escuchar nuestro Himno Nacional para que millones de personas vuelvan a sentirse parte de algo más grande.

¿Por qué?

Porque tenemos una identidad común.

Porque hay símbolos que nos recuerdan que, antes que cualquier diferencia:

Compartimos una historia.

Compartimos una bandera.

Compartimos una tierra.

Compartimos problemas.

Y, sobre todo, compartimos un futuro.

Lo que nuestra sociedad necesita es recuperar la confianza, necesitamos autoridades honestas, trabajadoras y comprometidas, necesitamos re educarnos y no solamente ser patriotas de septiembre y no solo colocar una bandera en la ventana durante quince días.

Cuando dejamos de pensar únicamente en «qué me toca» y comenzamos a preguntarnos:

¿Qué puedo aportar?, Eso también es amor por México, por la familia y nuestra sociedad.

El país que queremos no se construye solamente desde el palacio nacional, la oficina gubernamental o la presidencia municipal, es muy fácil pensar que los grandes problemas de México solamente pueden resolverlos los gobiernos, por supuesto que las autoridades tienen una responsabilidad enorme. Al tener que garantizar seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura y oportunidades. Pero sería un error pensar que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad porque un gobierno puede construir un parque, pero somos nosotros quienes decidimos si lo cuidamos, si lo usamos correctamente para la sana convivencia,

Ocupémonos en transformar nuestra comunidad, pues la reconstrucción del tejido social debería comenzar con algo tan sencillo como volver a saludar al vecino, conocer a quienes viven en nuestra calle, organizarnos para cuidar nuestro parque, barrer nuestras calles, crear actividades deportivas para los jóvenes, impulsar jornadas de limpieza, apoyar y valorar a las personas mayores, organizar actividades culturales, crear redes de solidaridad, escuchar y respetar  a quienes piensan diferente, enseñar a nuestros hijos que nuestras acciones ayudan o afectan a los demás y que son nuestra responsabilidad.

Invito a esos liderazgos que hay en Chiautempan y Tlaxcala a que septiembre no sea solamente una fiesta patria más, al contrario, que sea una fiesta de unidad que perdure todo el año. No  necesitamos ser ciudadanos perfectos, necesitamos ser ciudadanos comprometidos, dispuestos a trabajar por el bien común, necesitamos jóvenes que no renuncien a su futuro o que sean conformistas, necesitamos familias que recuperen el diálogo, la unidad, los valores y el amor, necesitamos empresarios que entiendan su responsabilidad social, necesitamos líderes que sirvan y no se sirvan.

En unos días millones de mexicanos volveremos a gritar:

¡Viva México!

Y seguramente lo haremos con emoción, pero este año propongo algo diferente:

Después del grito, cuando se termine la fiesta y guardemos las banderas, hagámonos una pregunta: ¿Qué vamos a hacer mañana para demostrar que realmente amamos a México?

Porque ser mexicano no debería ser una emoción que sentimos solamente cuando escuchamos el himno nacional, debería ser una responsabilidad de todos los días, por que el México que anhelamos no se construye con lo que gritamos una noche de septiembre, sino con lo que hacemos silenciosamente los otros 364 días del año.

Post Scriptum.
Los resultados de la prueba PISA 2025 nos muestran la lamentable realidad de la educación de nuestro país. Una educación en retroceso cayendo a mínimos históricos.
Terrible para México ser el penúltimo peor evaluado. No alcanzamos ni la media.
En los últimos 10 años hemos caído como país 28 puntos cuando esto no había sucedido en años anteriores, pues la gráfica de resultados se mantenía estable.

Entre 2015 y 2025, el resultado de los estudiantes cayó en el promedio de los países desarrollados 27 puntos en lectura, 22 en matemáticas y 7 en ciencias, según los datos publicados este martes. Para enmarcarlo: la OCDE calcula que 20 puntos vienen a ser lo que se aprende aproximadamente en un curso. En otras palabras, que los alumnos de ahora van cerca de un curso escolar por detrás de los de hace una década.

Los últimos resultados presentados por la OCDE indican que casi 7 de cada 10 jóvenes mexicanos de 15 años carecen de competencias matemáticas fundamentales. Es decir no alcanzan a saber ni lo básico. 5 de cada 10 no alcanzan los mínimos en lectura y ciencias.

Estuve revisando el informe y hay 4 puntos  que creo son muy importantes de señalar para comprender que está pasando:

1) El uso de la IA comienza a causar estragos en nuestra sociedad. Según datos de la OCDE el 90% de estudiantes la usa para hacer tarea ¿Pero saben qué? Hay evidencia que los estudiantes que NO utilizan IA para las tareas tienen mejor desempeño escolar.

2) El celular en nuestros niños y jóvenes es un problema real. En México el uso del celular lastimosamente ha sido usado para sustituir a los padres y se usa como un entretenimiento, pero lo que perdemos de vista es el contenido y los algoritmos que los niños van adquiriendo,  los padres o tutores no tienen tiempo de prestar atención a sus hijos. Se ha comprobado que existe relación entre no usar dispositivos digitales en clase (para distraerse) y tener mejor desempeño.

3) Las redes sociales (gratificación inmediata), tiktok, los estímulos visuales para lograr mantener la atención del usuario, es un algoritmo muy peligroso que no encuentra frente en la autorregulación.

Pero desde mi humilde opinión esto puede cambiar y lo escribo aquí:

Con trabajo articulado o en equipo: Docentes preparados, estudiantes dedicados a estudiar y esforzarse más.

Contenidos más rigurosos. (Poner metas altas)

Políticas educativas sostenidas. (Estrategias, planes y normativas del Estado diseñadas para mantenerse a lo largo del tiempo,

independientemente de los cambios de gobierno o de partido político en el poder)
Reitero mi agradecimiento a los comentarios que me han hecho llegar en relación esta columna. Los recibo con gusto pues de entrada significa que me han hecho el favor de leerme y  aunque obviamente hay quienes piensan distinto, lo cual es muy respetable, simplemente lo agradezco.