Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente Morales Pérez
A dos años de la histórica victoria electoral que abrió una nueva etapa en la vida pública de México, el movimiento de la Cuarta
Transformación encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha demostrado que cuenta con una base social sólida, consciente y participativa. El acto multitudinario celebrado este fin de semana en la Ciudad de México no fue únicamente una conmemoración política; fue la expresión de millones de mexicanas y mexicanos que mantienen viva la convicción de que el país debe seguir avanzando por la ruta de la justicia social, la prosperidad compartida y el bienestar colectivo.
La transformación que inició hace algunos años no puede entenderse únicamente como un cambio de gobierno. Se trata de una nueva forma de concebir el ejercicio del poder público, colocando en el centro a las personas, especialmente a quienes durante décadas permanecieron excluidas de las oportunidades de desarrollo. Hoy, los programas sociales se han convertido en derechos; las obras de infraestructura buscan generar bienestar regional; la inversión pública pretende cerrar brechas históricas; y el Estado ha recuperado un papel activo en la construcción del desarrollo nacional.
Por supuesto, existen retos importantes. Ningún proceso de transformación profunda está exento de dificultades, críticas o áreas de oportunidad. Sin embargo, también es cierto que la estabilidad económica, la fortaleza del mercado interno, el crecimiento de la inversión estratégica y la continuidad de políticas sociales ampliamente respaldadas por la ciudadanía muestran que el proyecto cuenta con bases firmes para seguir avanzando.
En Tlaxcala, esta visión nacional encuentra eco en el trabajo que encabeza la Gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. La coordinación institucional entre el gobierno federal y el gobierno estatal ha permitido impulsar acciones que impactan directamente en la calidad de vida de miles de familias. Desde la ampliación de servicios públicos hasta proyectos de infraestructura, salud, educación y bienestar social, la suma de esfuerzos ha demostrado que cuando los distintos órdenes de gobierno trabajan con objetivos comunes, los resultados pueden llegar de manera más efectiva a la población.
El caso de Tlaxcala resulta particularmente relevante porque demuestra que el desarrollo no depende exclusivamente de grandes presupuestos o de complejas estructuras burocráticas. También depende de la voluntad política, de la cercanía con la gente y de la capacidad para escuchar las necesidades reales de la población. La transformación cobra sentido cuando se traduce en beneficios concretos para las familias, cuando mejora las condiciones de vida de las comunidades y cuando genera esperanza para las nuevas generaciones.
Este segundo aniversario de la victoria electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo invita también a reflexionar sobre la responsabilidad compartida que existe entre gobierno y ciudadanía. La construcción de un mejor país no corresponde únicamente a quienes ocupan cargos públicos. Requiere la participación de una sociedad informada, organizada y comprometida con el interés colectivo. Los grandes cambios históricos siempre han sido resultado de esfuerzos compartidos entre instituciones y ciudadanos.
México vive una etapa de definiciones importantes. Los desafíos nacionales e internacionales exigen liderazgo, visión de largo plazo y capacidad para mantener la unidad en torno a los grandes objetivos nacionales. Frente a esos retos, la transformación continúa representando para millones de personas una ruta de esperanza, de inclusión y de construcción de oportunidades.
La concentración popular realizada este fin de semana dejó una señal clara: existe un amplio sector de la sociedad que mantiene su confianza en este proyecto de nación. Esa confianza no debe entenderse como un cheque en blanco, sino como un mandato permanente para seguir trabajando, corregir lo que sea necesario y profundizar aquello que está dando resultados.
Desde Tlaxcala, la lectura es igualmente clara. Cuando existe coordinación entre la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la Gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros; cuando las instituciones trabajan con cercanía al pueblo; y cuando la ciudadanía participa activamente en la vida pública, es posible construir un estado más fuerte, más justo y con mayores oportunidades para todos. La transformación sigue siendo una obra colectiva, y su éxito dependerá de la capacidad de mantener la unidad, el compromiso social y la convicción de que un mejor futuro para México sigue siendo posible.