Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente Morales Pérez
El pasado jueves 24 de septiembre subí a la tribuna del Congreso del Estado de Tlaxcala para presentar una iniciativa sobre el fortalecimiento de las policías municipales. La propuesta fue turnada a comisiones para su análisis y discusión. Todavía tiene un camino legislativo por recorrer, pero la razón que me llevó a presentarla merece compartirse desde ahora con la ciudadanía.
Imaginemos una llamada de auxilio. Del otro lado puede estar una familia que acaba de sufrir un robo, una mujer que teme regresar a su casa, unos padres que buscan a su hija o vecinos que ven crecer un conflicto en su comunidad. Quienes llaman necesitan que alguien llegue. Necesitan, además, que esa persona sepa escuchar, proteger, tomar decisiones y actuar dentro de la ley. Muchas veces, esa responsabilidad recae primero en la policía municipal.
En el debate público hablamos con frecuencia de grandes estrategias de seguridad. Son necesarias, pero la experiencia cotidiana de la gente ocurre en un lugar concreto: su calle, su barrio, su comunidad. Ahí se conoce el nombre de quienes necesitan ayuda. Ahí una respuesta adecuada puede evitar que una situación empeore. Y ahí también se hace evidente cuando una corporación carece de personal capacitado, comunicación, equipo o procedimientos claros.
Los municipios tlaxcaltecas no son iguales. Algunos atienden localidades dispersas; otros enfrentan una mayor concentración de población. Sus presupuestos y necesidades operativas también varían. Una ley responsable debe reconocer esas diferencias. Lo que propuse es que, aun partiendo de condiciones distintas, todas las policías municipales cuenten con una base mínima de capacidades hacia la cual puedan avanzar de forma gradual y verificable.
La iniciativa plantea estándares estatales complementarios en materias como capacitación, certificación, equipamiento, protocolos de actuación y proximidad social. Su finalidad es pasar de las buenas intenciones a preguntas que podamos responder: ¿qué preparación recibe el personal?, ¿con qué herramientas trabaja?, ¿qué reglas sigue ante una emergencia?, ¿cómo se relaciona con la comunidad?, ¿qué necesita mejorar cada municipio?
Detengámonos en la capacitación. La labor de un elemento policial exige mucho más que presencia física o disposición para intervenir. Atender a una víctima de violencia familiar requiere sensibilidad y conocimiento de los procedimientos de protección. Actuar como primer respondiente implica saber preservar información y dar cuenta de los hechos. Encontrarse con niñas, niños, personas adultas mayores o personas con discapacidad demanda reconocer necesidades específicas. Por eso la propuesta considera formación periódica en derechos humanos, perspectiva de género, atención a víctimas, uso legítimo de la fuerza, primeros auxilios y solución pacífica de conflictos, entre otras materias.
También debemos hablar de las condiciones materiales del servicio. Si esperamos una respuesta eficaz, tenemos que observar si las corporaciones cuentan con medios de comunicación, vehículos funcionales, protección personal y herramientas para atender sus tareas. Los requerimientos deben corresponder a la realidad de cada municipio. Una evaluación honesta permitiría reconocer las carencias, establecer prioridades y buscar mecanismos de coordinación para atenderlas.
Los protocolos son otra parte indispensable.
Ante una detención, una persona desaparecida, una emergencia o una manifestación pública, el personal necesita saber cómo proceder y cuáles son los límites de su actuación. Las reglas claras protegen a la ciudadanía y orientan a quienes deben decidir bajo presión. La iniciativa propone que los protocolos municipales se armonicen con las disposiciones nacionales y estatales obligatorias, sin crear procedimientos de certificación paralelos a los que ya establece la legislación general.
Pero una corporación bien preparada tampoco puede permanecer ajena a la vida de su comunidad. Por ello planteé fortalecer la proximidad social. Hablo de policías que conozcan el territorio donde sirven, mantengan comunicación con sus habitantes, escuchen a comerciantes, familias e instituciones educativas, e identifiquen factores de riesgo antes de que se conviertan en hechos más graves. La confianza no se ordena por decreto; se construye mediante una conducta cotidiana, cercana y respetuosa.
Esta forma de mirar la seguridad es congruente con los principios de la Cuarta Transformación y de MORENA: poner a las personas en el centro, atender las causas de la violencia y ejercer el poder público con sentido humano. La prevención social y el fortalecimiento policial son responsabilidades que se encuentran en el territorio. Una comunidad necesita oportunidades, bienestar y espacios de convivencia; necesita asimismo saber que, si pide auxilio, encontrará una institución capaz de responder.
Por eso la propuesta incluye evaluación. Conocer el porcentaje de personal certificado, las necesidades de capacitación, el estado del equipamiento y los resultados de las acciones de proximidad permitiría tomar mejores decisiones. El propósito de medir debe ser mejorar. Cada ayuntamiento conservaría sus atribuciones, mientras el Estado podría brindar acompañamiento técnico y contribuir a ordenar una ruta de fortalecimiento acorde con las posibilidades municipales.
Quiero insistir en algo: la iniciativa no ha sido aprobada. Fue presentada y turnada a comisiones. Allí corresponde revisar sus alcances, escuchar las observaciones que sean necesarias y discutir con seriedad su viabilidad. Estoy abierto a que el trabajo legislativo la mejore, porque una propuesta sobre seguridad pública debe responder, ante todo, a las necesidades de la gente.
Subí a tribuna pensando en esa primera llamada de auxilio y en lo que ocurre después de ella. Pensé en las familias que esperan ayuda y en los elementos municipales que deben salir a prestarla. Si aspiramos a una Tlaxcala más segura, vale la pena comenzar por una tarea concreta: procurar que la autoridad más cercana a nuestras comunidades tenga la preparación, las herramientas y la confianza necesarias para servirlas mejor.