Pensar, decir y hacer: responsabilidad de la 4T
Vicente Morales Pérez
La democracia ha cambiado de escenario. Antes se debatía únicamente en los congresos, en los periódicos o en las plazas públicas; hoy también se debate en una pantalla. Las redes sociales se han convertido en la nueva arena del intercambio político. Ahí se cuestiona, se propone, se denuncia y se acompaña. Ahí el ciudadano ya no es espectador: es protagonista.
Desde la visión de la Cuarta Transformación, este fenómeno no es superficial ni pasajero. Es parte de un proceso más profundo de democratización. Durante décadas, la información fue privilegio de unos cuantos. La narrativa pública se construía desde centros de poder alejados de la gente. Hoy, cualquier persona con acceso a internet puede expresar su postura, fiscalizar decisiones públicas y exigir cuentas. Ese cambio altera la relación entre gobernantes y gobernados.
MORENA ha sostenido que el poder dimana del pueblo. Las redes sociales han hecho tangible ese principio. La voz ciudadana no espera tiempos oficiales ni ruedas de prensa; se manifiesta de inmediato. Esta dinámica obliga a la clase política a actuar con mayor transparencia y coherencia. La vigilancia social es constante y el escrutinio es abierto.
Pero la democracia digital no es perfecta. También enfrenta desafíos importantes.
La desinformación, la manipulación y la polarización pueden distorsionar la deliberación pública. La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero debe ejercerse con responsabilidad. No todo lo que circula es verdad, ni toda tendencia refleja una mayoría real.
Por eso, el reto no es desacreditar las redes sociales, sino fortalecer la cultura cívica. Una ciudadanía informada y crítica es el mejor antídoto contra la manipulación. La transformación exige participación, pero también conciencia. No se trata de imponer una narrativa, sino de construir una conversación pública más madura.
Aquí adquiere relevancia el Parlamento Abierto. Si las redes sociales son la plaza pública digital, el Parlamento Abierto es el mecanismo institucional que convierte esa conversación en decisiones concretas. Escuchar comentarios no basta; es necesario abrir espacios formales donde la ciudadanía incida en la elaboración de leyes y políticas públicas.
En Tlaxcala, impulsar foros y encuentros ciudadanos es coherente con esta visión. La tecnología amplía la convocatoria y acerca el Congreso a quienes antes se sentían lejanos de la política. La participación ya no depende únicamente de la presencia física; puede comenzar en una interacción digital y culminar en una propuesta legislativa.
La Cuarta Transformación ha planteado una democracia más participativa y menos elitista. Las redes sociales son una herramienta que, bien utilizada, fortalece ese objetivo. Permiten transparencia en el ejercicio del presupuesto, difusión de iniciativas y rendición de cuentas directa, sin intermediarios interesados.
Sin embargo, no debemos confundir popularidad con gobernabilidad. La política responsable exige equilibrio entre escuchar la inmediatez y planear con visión de futuro. El liderazgo democrático implica atender la voz ciudadana sin perder el rumbo estratégico.
Las redes también han visibilizado causas que durante años permanecieron marginadas: la defensa de los derechos de las mujeres, la participación juvenil, la justicia social. Esa energía social, cuando se canaliza institucionalmente, enriquece la democracia.
La democracia del siglo XXI es dinámica, interactiva y exigente. Las redes sociales han ampliado la esfera pública y han hecho más visible la voz del pueblo. El desafío es transformar esa visibilidad en participación organizada y en decisiones que mejoren la vida de las personas.
La Cuarta Transformación no le teme al debate; lo asume como parte de su esencia. Gobernar escuchando es un principio, no una consigna. Y cuando la plaza digital se conecta con el Parlamento Abierto, la democracia deja de ser discurso y se convierte en práctica cotidiana.
En esa convergencia entre ciudadanía activa e instituciones abiertas está la oportunidad de consolidar una democracia más cercana, más transparente y más justa. Porque cuando el pueblo habla y sus representantes escuchan, la transformación avanza.