Tlaxcala comienza a entrar en uno de esos periodos en los que la política vuelve a ocupar conversaciones, reuniones familiares, oficinas y espacios públicos. Los partidos políticos empiezan a mover sus piezas, aparecen los primeros nombres, se multiplican las aspiraciones y, como ocurre cada proceso electoral, no faltan quienes consideran que ha llegado su oportunidad de ocupar un cargo de elección popular.
La gubernatura, las diputaciones, las presidencias municipales, las sindicaturas y las regidurías se convierten en objetivos para mujeres y hombres que buscan aparecer en las boletas electorales. En el caso de algunos, mi respeto pues cuentan con trayectoria, experiencia y trabajo público; otros apenas comienzan su recorrido, y algunos más y con el debido respeto, no tienen mucha idea de que hacen allí, sin embargo todos tienen derecho a aspirar, siempre que cumplan con los requisitos legales, como dice el dicho “Quien respira, aspira”. Pero hay una diferencia fundamental entre querer ocupar un cargo y estar verdaderamente preparado para asumir la responsabilidad que representa.
Y esa es precisamente la pregunta que vale la pena plantear desde ahora: ¿cuántos de quienes aspiran a una candidatura quieren servir a Tlaxcala y a su gente, y cuántos solamente quieren servirse del poder?
Aunque se ve lejana le fecha, el próximo 6 de junio de 2027, las y los tlaxcaltecas tendremos una nueva cita con las urnas. De acuerdo con la información publicada por el Instituto Nacional Electoral, en el proceso local se elegirá una gubernatura, 25 diputaciones locales —15 de mayoría relativa y 10 de representación proporcional—, 60 presidencias municipales, 60 sindicaturas, 350 regidurías y cerca de 300 presidencias de comunidad. No se trata de una elección menor. Se trata de decidir quiénes tendrán responsabilidades públicas que repercutirán en la seguridad, la educación, los servicios públicos, las oportunidades económicas, la infraestructura y la calidad de vida de miles de familias. Y somos más de un millón de ciudadanos potencialmente llamados a decidir el rumbo político de nuestro estado y el verdadero reto es conseguir que la ciudadanía participe de manera consiente e informada y que quienes aspiran a gobernar comprendan la magnitud de la responsabilidad que están buscando.
Muchos hemos visto que NO basta con que alguien tenga dinero para ser buen candidato ni mucho menos sentirse seguro de ganar, o tener un apellido conocido, o contar con muchas relaciones con determinados grupos o la habilidad para reunir simpatizantes o un gran ramillete de “compadres”. Una candidatura debería construirse sobre principios, preparación, honestidad, conocimiento de los problemas y disposición para rendir cuentas. Es decir en SER UN VERDADERO LÍDER Y ESTAR DISPUESTO A SERVIR.
La experiencia no lo es todo, pero la improvisación tampoco debería convertirse en una virtud. La juventud no es un defecto, así como la antigüedad en la política no garantiza capacidad ni honestidad. Lo que importa es la preparación, la conducta, la transparencia y la disposición de trabajar por los demás. Y en particular en Chiautempan para bien o para mal casi nos conocemos todos y sabemos qué tipo de personajes aspiran. Y hoy necesitamos quien realmente de continuidad al trabajo y lograr de verdad el bienestar común
En política, las encuestas suelen convertirse rápidamente en protagonistas. Hay quienes presumen los números que les favorecen; otros hacen sus propias encuestas, otros cuestionan los resultados que no les convienen y otros tantos van más con fé que otra cosa, sin embargo por las encuestas la ciudadanía comienza a identificar quiénes aparecen con mayor o menor respaldo y eso influye en las decisiones al momento de votar. Sin embargo las encuestas pueden medir preferencias; más no pueden certificar la calidad humana de una persona, garantizar su honestidad ni demostrar que gobernará pensando en el bien común o que trabajará por su gente. Como mencione anteriormente eso solo puede evaluarse con información, antecedentes verificables, propuestas concretas y sobre todo por lo hechos de vida que tiene cada candidato que esos no se pueden borrar o cambiar, así que quien ha conducido su vida lo más correcto, seguramente será un buen gobernante y eso se podrá verificar cuando llegue el momento.
Sin embargo amplio mi reflexión para que no solo sea en condenar por anticipado a quienes aspiran ni en suponer que todas las personas que participan en política tienen las mismas intenciones. Sería injusto y poco responsable. La reflexión consiste en reconocer que el cargo público exige una vigilancia permanente y que la ciudadanía tiene derecho a pedir explicaciones y que si aun conociendo los antecedentes de un candidato, le damos el voto, pues entonces tendremos el gobernante que merecemos.
Para quienes inician el camino rumbo a las elecciones no olviden que el problema comienza cuando se confunde el ganar una elección con convertirse en dueño del puesto. Cuando deja de escuchar a quienes lo apoyaron. Cuando las puertas que prometió abrir se cierran después de la campaña. Cuando el interés de un grupo desplaza las necesidades de la comunidad. Cuando el presupuesto se considera una bolsa disponible y no un recurso que pertenece a la sociedad. El poder público no es propiedad de quien lo ejerce. Es una responsabilidad temporal que debe utilizarse para atender necesidades colectivas y que no olviden que tono inicio tiene una entrega – recepción.
Por eso, quien aspira a la gubernatura debe comprender que no busca convertirse en una figura intocable, sino asumir la obligación de coordinar esfuerzos, escuchar a quienes piensan distinto, explicar sus decisiones y trabajar por el conjunto del estado, al final como lo he escuchado de algunos gobernadores, podrán decir sin duda: “Ha sido un honor, servir a mi querido Tlaxcala”
Quien aspira a una diputación debe saber que legislar no consiste únicamente en levantar la mano o seguir instrucciones. Implica estudiar, deliberar, representar a la población y vigilar el uso de los recursos públicos.
Quien busca una presidencia municipal debe entender que los problemas cotidianos de la gente no pueden quedar subordinados a la fotografía, al evento o a la siguiente aspiración política.
Y quien quiere llegar a una sindicatura o una regiduría debe recordar que esos cargos tampoco son decorativos: representan responsabilidades concretas en la vigilancia, la deliberación y el funcionamiento del gobierno municipal. No hay cargo pequeño cuando se trata del dinero público y de la vida de las personas.
A quienes hoy sueñan con gobernar Chiautempan, les dejo una reflexión: antes de preguntarse cuántos votos van a conseguir, pregúntense cuánto están dispuestos a dar por su municipio, si están a la altura del cargo y lo suficientemente fuertes para que no cambien al llegar al cargo. Porque el verdadero liderazgo no comienza el día que se gana una elección, sino mucho antes, cuando se decide servir sin necesitar un cargo para hacerlo.
Al final, Chiautempan no necesita políticos que quieran servirse de su gente; necesitamos servidores públicos que estén a la altura de la confianza que algún día podrían recibir, con suficiente empatía para comprender las necesidades de la gente, con bastante capacidad de gestionar los recursos necesarios para realizar obras de impacto y mejora. Y esa diferencia, más que cualquier discurso, será la que la ciudadanía deberá aprender a reconocer.
O ¿Usted qué opina?
Post Scriptum.
Nuevamente reitero mi agradecimiento a los comentarios que he recibido y me han hecho llegar, los leo con gusto y créanme que también acepto sus críticas con objetividad.
Y antes de concluir dejo una reflexión final respecto a las encuestas:
Las encuestas son una medición momentánea, pero hay algo que ninguna encuesta se preocupa por medir o que no puede medir por completo: la esperanza que una persona deposita en una candidatura y la decepción que puede experimentar cuando descubre que sus expectativas no fueron correspondidas. Así de simple.